jueves, 31 de diciembre de 2009

tan tedioso es el camino que casi no recuerdo como se hace

Tan tedioso es el camino que casi no recuerdo como se hace. En el caso de que alguno de nosotros me preguntase a dónde voy, diría que adonde debo ir.

Claro. Sería la respuesta.

Sigo una ruta, una senda. Al igual que nosotros.

¿Porqué nosotros?

Porque todos nosotros hacemos lo mismo.

¿Dónde comenzó la senda?

Ya no vale preguntarse dónde comenzó, sino cuándo. Es implacable la sinceridad aprehendida. No comenzó. Es.

Antaño se hablaba de progreso. Hoy ese progreso nos ha hecho insignificantes. Porcentajes contados en miles de millones. ¿Tuviste nombre?

Lo olvidé cuando nací.

¿Por qué? - Acaso nunca lo tuve. Sólo sé que pertenezco a un mil de millones. Igual que tú.

Nos prometieron un cambio en el tiempo. Del sencillo paso humano que medía el tiempo en días y meses, años, pasamos a un tiempo fluido contado en minutos y horas. Medias horas, cuartos de hora. Retrasos que se pagan con la vida.

Nos consumió el tiempo, esa quimera, la felicidad del conocimiento posible. La cercanía de la utopía, del espacio feliz.

Creímos que corriendo seríamos más felices.

Y, ¿qué opinas?

¿Opinar? ¿Cabe acaso la opinión? ¿De qué tiempo antiguo conociste eso?, ¿es que acaso tu tiempo te permite pensar en el tiempo? Yo no tengo tiempo. Pasan los minutos y las horas. Otro cuarto de hora y ya me juego la vida.

La máquina llega deprisa, se detiene deprisa y parte de nuevo deprisa. ¡Qué insolencia inventar las máquinas y crear un ritmo cuando nosotros todavía conservamos los pies para medir el tiempo a base de pasos! ¡Qué crueldad!

Vi en un tiempo un tiempo en que el tiempo se medía de otra manera. No existía el tiempo fugaz. Este concepto se creó después. Fue necesario.

Llega la máquina y con ella mi hora. Mi tiempo. ¿Es mío o yo soy de él?

Monto. 40 minutos. 2 cuartos de hora y 10 minutos más. 3 cuartos de hora menos 5 minutos. Ese es el tiempo transcurrido. ¿Tiempo vivido? ¿Tiempo perdido?

¿Cuánto llevamos nosotros? Nosotros 2 horas. 1 hora y 15 minutos. 1 cuarto de hora. Y, ¿aquel? A aquel le transcurrirá el tiempo de otro modo. Ya sabes que hoy no se puede medir el tiempo a pasos. ¡Valiente insolencia!, ya transcurrirá lo no transcurrido.

Pero, no entiendo, ¿porqué decís que el tiempo transcurre? ¿No será que se vive? – No, transcurre, se pierde.

Monto. 40 minutos. Hoy llueve. En un tiempo vi a gente corriendo. Un paso acelerado, como queriendo ser máquinas. Les llovía la furia de ellos mismos. A través de las máquinas les llovía agua y bombas. Así se domó al siguiente paso humano, el animal. Hemos hecho lo mismo con nosotros. Nosotros mismos.
Sólo veo cabezas y cristales empañados. Luz blanca de máquina que devora el tiempo. Adelanta el tiempo, recorre en el tiempo y anula el tiempo con su horrible igualdad. Una mujer delante de mí. Junto a mí. Pegada a mí. Está enferma. Lo dicen sus ojos. ¿Sabes que algunos de nuestros ojos todavía hablan?

Y, ¿qué dicen?

Hablan de un tiempo pasado. De una nostalgia, de un recuerdo. Una alegría perdida en pro de una felicidad…

¡Bonito!

Triste. Habla de un tiempo que ya no fue. Lo perdieron de nuestro presente y nuestro pasado. Sólo sabemos del tiempo pasado porque no pudieron eliminar el paso del hombre. Los ojos del pasado nos lo contaron, pero los enfermaron. Los enfermamos. No queremos seguir viendo qué pasó.

No queremos que pase más. Hemos cambiado nuestro tiempo. Ahora transcurrimos, no vivimos. Eso quedó para los de antes.

¿Eso significa que lo pasado fue mejor?

Significa que nuestro tiempo no es el mejor. Simplemente eso. ¿Cómo puede ser bueno nuestro tiempo si no tenemos tiempo para vivirlo? Transcurrimos en minutos y horas de vital importancia.

Llueve hoy. 10 minutos tarde. 2 fracciones de 5 minutos. Tiempo perdido. Transcurrido en la espera. No estamos adaptados a eso.

Pero entonces, ¿por qué esperar?

Porque en nuestro afán de tiempo no nos paramos a pensar en lo inevitable de la espera. Por eso esperamos. Por no preverla.

Y, en otro tiempo, ¿cómo se vivía?

No lo sé. No lo sabemos. Tal vez se viviese a otro ritmo. El ritmo es la base de una armonía, ¿sabes? El ritmo se medía, como hoy, pero de diferente manera. La vida vibraba al son de la luz. Nuestro mundo giraba en torno a esa luz. Una luz que giraba, rotaba y alumbraba, oscurecía, animaba y calmaba el paso del hombre en su devenir. Así era la vida. No transcurría sino que se mecía en el mundo. El tiempo era un soneto a la luz. La vida rimaba en ella misma y se mecía con el estremecimiento del cambio de luz, con el cambio de ritmo que componía la armonía del mundo. El hombre caminaba. El tiempo se medía en días y meses. La luz que emerge y se sumerge, el tiempo que nace, madura, mengua y muere. Cada ser teníamos un tiempo.


Y, ¿qué pasó?

Inventamos la luz artificial. La máquina y el tiempo fraccionado. Medido. Adquirimos el tiempo y nos maravillamos. Comprendimos el tiempo y la velocidad del progreso se convirtió en nuestra máquina de vida. En un pulso. Dejó de rimar y comenzó a sonar.

¿Y?

Creamos el ruido.

¿Qué ocurre con la luz artificial y el ruido?

La luz nos privó del placer de los ojos cerrados. De la oscuridad de la calma. Nos llenó de miedos y, ante eso, sólo pudimos seguir la religión de la velocidad, de la vibración sistemática, perdimos el ritmo, nos dimos cuenta, pero no podíamos volver atrás. Ya no había marcha atrás. Fue el miedo a nosotros mismos lo que nos impidió creer en nosotros mismos como antes. Nació la desconfianza. El grito, el ruido de la máquina acallaba ese grito y ese miedo, por eso nos entregamos a la máquina, a su furor, porque ella nos distanciaba del miedo haciéndonos dominar el mundo.













Es tan grande el mundo y tan poco el tiempo…
¿Porqué tan poco tiempo?, ¿cuánto es el tiempo?
Es, más bien oportunidad.
Y, ¿qué es la oportunidad?
Una suma de tiempo y posibilidad para hacer las cosas (tiempo + dinero)

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