jueves, 31 de diciembre de 2009

acerca de mi espacio


ACERCA DE MI ES PACIO

Divaga la mente por confines extraños. Se mira a sí misma desde dentro. Viaja.

Deberemos partir, se entiende, en primer lugar por resumir que el espacio es aquello que está delimitado. Sus límites lo definen como espacio comprendido y al mismo tiempo lo afirman como espacio que abarca. Gracias a que además de contener espacio puede ser contenido, el espacio comprende y es comprendido.


El objetivo de esto es dilucidar acerca de qué espacio                   en el mundo, es decir, cuánto espacio comprendo, ocupo y, de ahí, saber cuánto comprendo, entiendo, que es aquello que llego a comprender, abarcar, pues el resto es espacio indefinido en el que se agrupan las puertas que no se han abierto, bien por desconocimiento o bien por temor.










E S P A C I O










Comprender: (de Comprehender). tr. Abrazar, ceñir, rodear por todas partes algo. // 2. Contener, incluir en sí algo. U. t. c. prnl. // 3. Entender, alcanzar, penetrar. // 4. Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro. Comprendo tus necesidades. Comprendo tu protesta.

En primer lugar deberé analizarme para ver en qué grado, si es que hay alguno, significa esta palabra en mi vida (¿vidas?, si tantas maneras hay de comprender, ¿tantas habrá de vivir?).

Preámbulo

- ¿Qué es más importante, vivir o ser feliz?

- ¿Hay que elegir, o vale lo uno y lo otro a un tiempo?

- Supongo que habrá que elegir, ¿no?

- Y, ¿qué ocurrirá con una u otra elección?

- Si eliges vivir, deberás someterte al devenir de los acontecimientos, a la voluntad de los demás, cuando te conformarán según su decisión, una decisión que aún así no será voluntaria, porque quienes te conformen, quienes te eduquen, vivirán también bajo el influjo de la vida obligada. No serás libre de ti, por eso no serás feliz.

- ¿Y si elijo ser feliz?

- Un día, tendrás un día para descubrir la esencia de la felicidad, porque yo no te puedo explicar en qué consiste la felicidad.


- Curiosa elección entonces…


- Tú verás. En la pregunta primera está encerrada toda la conciencia de la libertad. Vivir equivale a seguir una voluntad que no te será propia, sino que dependerá de los demás, de las enseñanzas y errores que los otros te inculquen. Ser feliz en cambio equivaldrá a tomar la decisión del empuje individual. Te moverás en la delgada línea de lo posible y lo imposible, del disfrute y la angustia, del éxito y del fracaso, sin embargo crearás tú el mundo, no te mantendrás en él, sino que serás él.

Marzo

Hoy acaba el mes.


Ya se sabe, sí, el Tiempo no existe, sin embargo debo responder que nosotros nos seguimos midiendo en él.
Fraccionamos nuestra vida en términos precisos que conforman una cronología de hechos, de actos.

Acto primero.

Comprender: (de Comprehender). tr. Abrazar, ceñir, rodear por todas partes algo.


Si me comprendo a este uso, debo reconocer que he abrazado poco, aunque debo reconocer que el abrazo dado ha sido abrazo sentido, latido. Un perdón, un porqué, un de acuerdo, un hasta mañana, eso supuso el abrazo. No me arrepiento, me dio paz, tal vez momentánea, seguro que pasajera, pero grata no obstante.


Si entiendo abrazar como adscribirme a algo, debo reconocer que no he abrazado nada. Ninguna idea triunfal ha cruzado mi camino, no he buscado nada. Será la apatía propia del mes en el que el Tiempo te recuerda que sí existe a pesar de lo que digan…

Entreacto

(Metro de Madrid, hora punta, - sucia asepsia -)


Puerta del Ángel: bajo escaleras, pico, giro, bajo escaleras, giro, bajo escaleras, espero, 3 minutos – otra vez tarde… -.


Llega el tren. Monto. Está a rebosar.


Príncipe Pío: trasbordo, cierran las puertas del tren que debo coger, - otra vez tarde… -.


Llega el tren. Monto. Está a rebosar.


Plaza de España, Tribunal (algún chico guapo), Alonso Martínez (esta señora me está clavando el bolso), Gregorio Marañón (bajan tantos como suben, se van los chicos guapos, este tío apesta a estas horas…), Nuevos Ministerios (¡al fin!, con 5 minutos de retraso). Bajo.


Recto, giro, subo escaleras, giro, voy al final del andén, no, al final no. La música de los altavoces grita algo incomprensible, no me interesa, mucha publicidad, mucha vanagloria….


Llega el tren. Monto. Está a rebosar. Hay chicos guapos.


Colombia, Pinar del Rey (llego tarde, no hay duda), Mar de Cristal (qué color tan feo para una estación, realmente son todas espantosas, demasiado iguales, demasiado luminosas, cambian el color como un falso cambia de camisa…), Campo de las Naciones. Bajo.


Subo escaleras, giro, subo escaleras.


La calle, aún debo andar 5 minutos (de nuevo el autobús tardará en pasar).


He llegado. Tarde, como siempre.


¿Y si mañana me levanto antes?, el camino será el mismo, así que mejor retrasar lo inevitable…

Acto Segundo

Comprender: 2. Contener, incluir en sí algo. U. t. c. prnl.

Ya he dicho que mi espacio comprende. Por tanto incluye.

Leo. Mi estrecho continente, o sea, yo, contiene un cerebro (tal vez demasiado débil) que se alimenta de libros. Leo. Incluyo y contengo ideas ajenas, algunas de las cuales acepto en mi vida o desprecio de inmediato.


Tolkien: “existen personas que merecen la muerte y otras que merecen la vida, si no puedes hacer que algunas vivan, ¿porqué has de hacer que otras mueran?”.


Persépolis: tuviste que volver para darte cuenta…, igual que yo.


Chicas de Riad: os condiciona vuestra familia, vuestra religión, vuestro país, vuestras tradiciones, vuestra cultura y, al fin, también vosotras mismas, que, como nosotros mismos, somos lo que vivimos…


Gog: “La nueva y definitiva religión que yo propongo a los hombres es la Egolatría. Cada uno se adorará a sí mismo, cada uno tendrá su dios personal: él mismo.”


Evidentes ideas que palpitan en todos nuestros corazones (en mayor o menor medida), insertas esta vez en el corazón de un solo hombre y, reconocibles sin embargo en los ojos de los demás…


De igual manera que un vaso de leche con café cambia de color, yo me lleno de libros y cambia el color de mi interior, ¿se nota?

Entreacto

35 m2 de ladrillo antiguo (concretamente de 1925), cables, tuberías y armazón metálico. Aislado del exterior por muros gruesos y ventanas climalit.


Yeso, pintura y tarima. Tres colores: blanco, naranja y azul, dos tonos: azul claro y azul oscuro.


Recuerdos. Libros. Un ventilador y un Charlot. 4 mesas. 5 sillas. 1 sofá. Algunas plantas. Cocina incompleta. Baño informal.


Un continente. Me contiene porque contiene la imagen de mí yo proyectada en sus paredes. Lo contengo porque su imagen surgió de mí. ¿Lo contengo porque lo mantengo?


Una casa. Una vivienda. Un hogar. Mi casa. Mi vivienda. ¿Mi hogar?

Octubre

Acto Tercero

Comprender: 3. Entender, alcanzar, penetrar.


Se dan circunstancias en la vida ordinaria que nos la intuyen como más extraordinaria.

Entreacto


Salgo de noche en una hora cualquiera. Una joven en la parada del autobús. Mira y ríe como si estuviese tarada, o tal vez son mis ojos de tarado los que confunden su gesto. Le pregunto si ya ha pasado. En el “ratito” que lleva ella ahí no. Me siento. Espero. Fumo un cigarro y las palabras se llaman en el aire que respiramos reflectando ideas de Dios y el mundo, de la Madre Natura, de lo equivocados que estamos en el mundo, de los diez mil años perdidos de evolución que a nada nos han llevado. “¿Experimentaron contigo?”. “Sí, experimentos acerca del comportamiento humano en caso de maltrato; igual que hacían los Nazis, sólo que en mi caso fue consentido porque entraba dentro de lo que había estudiado”. “Me encanta salir y mirar a la gente, estudiarles. Soy un poco psicóloga”.Penetrar. “Sí, a mi también me gusta ver cómo se comportan, intentar entenderles tan sólo observando su actitud”. “Mierda, mi autobús”. “Corre, cógelo”. “¡Me ha encantado conocerte!”. “Adiós”. Subo al autobús.


Noviembre

Acto cuarto
y música de cierre

Comprender: 4. Encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro.


Claro, por qué cuestionar, si se actúa así es por que así debe ser.


No protest! No protest! No protest!


Cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree, cree.


No cuestiones, no preguntes, no interrogues, no demandes, no

Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí, Sí.

Me comprendo


Te comprendo


Lo comprendo


Qué singular





comprendo, ocupo, comprendo, entiendo, comprendo, abarco
y así sucesivamente como dice Cortázar.

tan tedioso es el camino que casi no recuerdo como se hace

Tan tedioso es el camino que casi no recuerdo como se hace. En el caso de que alguno de nosotros me preguntase a dónde voy, diría que adonde debo ir.

Claro. Sería la respuesta.

Sigo una ruta, una senda. Al igual que nosotros.

¿Porqué nosotros?

Porque todos nosotros hacemos lo mismo.

¿Dónde comenzó la senda?

Ya no vale preguntarse dónde comenzó, sino cuándo. Es implacable la sinceridad aprehendida. No comenzó. Es.

Antaño se hablaba de progreso. Hoy ese progreso nos ha hecho insignificantes. Porcentajes contados en miles de millones. ¿Tuviste nombre?

Lo olvidé cuando nací.

¿Por qué? - Acaso nunca lo tuve. Sólo sé que pertenezco a un mil de millones. Igual que tú.

Nos prometieron un cambio en el tiempo. Del sencillo paso humano que medía el tiempo en días y meses, años, pasamos a un tiempo fluido contado en minutos y horas. Medias horas, cuartos de hora. Retrasos que se pagan con la vida.

Nos consumió el tiempo, esa quimera, la felicidad del conocimiento posible. La cercanía de la utopía, del espacio feliz.

Creímos que corriendo seríamos más felices.

Y, ¿qué opinas?

¿Opinar? ¿Cabe acaso la opinión? ¿De qué tiempo antiguo conociste eso?, ¿es que acaso tu tiempo te permite pensar en el tiempo? Yo no tengo tiempo. Pasan los minutos y las horas. Otro cuarto de hora y ya me juego la vida.

La máquina llega deprisa, se detiene deprisa y parte de nuevo deprisa. ¡Qué insolencia inventar las máquinas y crear un ritmo cuando nosotros todavía conservamos los pies para medir el tiempo a base de pasos! ¡Qué crueldad!

Vi en un tiempo un tiempo en que el tiempo se medía de otra manera. No existía el tiempo fugaz. Este concepto se creó después. Fue necesario.

Llega la máquina y con ella mi hora. Mi tiempo. ¿Es mío o yo soy de él?

Monto. 40 minutos. 2 cuartos de hora y 10 minutos más. 3 cuartos de hora menos 5 minutos. Ese es el tiempo transcurrido. ¿Tiempo vivido? ¿Tiempo perdido?

¿Cuánto llevamos nosotros? Nosotros 2 horas. 1 hora y 15 minutos. 1 cuarto de hora. Y, ¿aquel? A aquel le transcurrirá el tiempo de otro modo. Ya sabes que hoy no se puede medir el tiempo a pasos. ¡Valiente insolencia!, ya transcurrirá lo no transcurrido.

Pero, no entiendo, ¿porqué decís que el tiempo transcurre? ¿No será que se vive? – No, transcurre, se pierde.

Monto. 40 minutos. Hoy llueve. En un tiempo vi a gente corriendo. Un paso acelerado, como queriendo ser máquinas. Les llovía la furia de ellos mismos. A través de las máquinas les llovía agua y bombas. Así se domó al siguiente paso humano, el animal. Hemos hecho lo mismo con nosotros. Nosotros mismos.
Sólo veo cabezas y cristales empañados. Luz blanca de máquina que devora el tiempo. Adelanta el tiempo, recorre en el tiempo y anula el tiempo con su horrible igualdad. Una mujer delante de mí. Junto a mí. Pegada a mí. Está enferma. Lo dicen sus ojos. ¿Sabes que algunos de nuestros ojos todavía hablan?

Y, ¿qué dicen?

Hablan de un tiempo pasado. De una nostalgia, de un recuerdo. Una alegría perdida en pro de una felicidad…

¡Bonito!

Triste. Habla de un tiempo que ya no fue. Lo perdieron de nuestro presente y nuestro pasado. Sólo sabemos del tiempo pasado porque no pudieron eliminar el paso del hombre. Los ojos del pasado nos lo contaron, pero los enfermaron. Los enfermamos. No queremos seguir viendo qué pasó.

No queremos que pase más. Hemos cambiado nuestro tiempo. Ahora transcurrimos, no vivimos. Eso quedó para los de antes.

¿Eso significa que lo pasado fue mejor?

Significa que nuestro tiempo no es el mejor. Simplemente eso. ¿Cómo puede ser bueno nuestro tiempo si no tenemos tiempo para vivirlo? Transcurrimos en minutos y horas de vital importancia.

Llueve hoy. 10 minutos tarde. 2 fracciones de 5 minutos. Tiempo perdido. Transcurrido en la espera. No estamos adaptados a eso.

Pero entonces, ¿por qué esperar?

Porque en nuestro afán de tiempo no nos paramos a pensar en lo inevitable de la espera. Por eso esperamos. Por no preverla.

Y, en otro tiempo, ¿cómo se vivía?

No lo sé. No lo sabemos. Tal vez se viviese a otro ritmo. El ritmo es la base de una armonía, ¿sabes? El ritmo se medía, como hoy, pero de diferente manera. La vida vibraba al son de la luz. Nuestro mundo giraba en torno a esa luz. Una luz que giraba, rotaba y alumbraba, oscurecía, animaba y calmaba el paso del hombre en su devenir. Así era la vida. No transcurría sino que se mecía en el mundo. El tiempo era un soneto a la luz. La vida rimaba en ella misma y se mecía con el estremecimiento del cambio de luz, con el cambio de ritmo que componía la armonía del mundo. El hombre caminaba. El tiempo se medía en días y meses. La luz que emerge y se sumerge, el tiempo que nace, madura, mengua y muere. Cada ser teníamos un tiempo.


Y, ¿qué pasó?

Inventamos la luz artificial. La máquina y el tiempo fraccionado. Medido. Adquirimos el tiempo y nos maravillamos. Comprendimos el tiempo y la velocidad del progreso se convirtió en nuestra máquina de vida. En un pulso. Dejó de rimar y comenzó a sonar.

¿Y?

Creamos el ruido.

¿Qué ocurre con la luz artificial y el ruido?

La luz nos privó del placer de los ojos cerrados. De la oscuridad de la calma. Nos llenó de miedos y, ante eso, sólo pudimos seguir la religión de la velocidad, de la vibración sistemática, perdimos el ritmo, nos dimos cuenta, pero no podíamos volver atrás. Ya no había marcha atrás. Fue el miedo a nosotros mismos lo que nos impidió creer en nosotros mismos como antes. Nació la desconfianza. El grito, el ruido de la máquina acallaba ese grito y ese miedo, por eso nos entregamos a la máquina, a su furor, porque ella nos distanciaba del miedo haciéndonos dominar el mundo.













Es tan grande el mundo y tan poco el tiempo…
¿Porqué tan poco tiempo?, ¿cuánto es el tiempo?
Es, más bien oportunidad.
Y, ¿qué es la oportunidad?
Una suma de tiempo y posibilidad para hacer las cosas (tiempo + dinero)

llámalo sueño

Llámalo sueño.

Vuelve a pasar. La misma historia que se repite como el tiempo. Momento tras momento.

Parece que no existe la circunstancia apropiada en que los cuerpos se unirán en una simbiosis de armonía.
Busca el Sol unos ojos como los tuyos, esos en los que yo me refleje con un haz de luz dorada. La Belleza sublime de la luz en tus ojos y yo, contemplándome, seré como el espectador que forma parte de tu obra, como en una pintura flamenca, llenos de detalles, precisos, apareceremos ante el mundo para contemplarnos el uno al otro.

El momento no llega. Sigo buscándote en un continuo intento de reflejarme en ti. Pero no estás. No sé quién eres. No te reconozco. No te conozco.

Pasan las historias de una en una, mezcladas a veces, llenas de incertidumbres y deseos no expresados. Miedo de dar. Miedo de recibir. Miedo de constatar que podríamos estar juntos. Miedo de caer en la cuenta de que no podemos estar juntos.

Definitivamente, no debía pasar; no podía pasar. Tú no eras ese alguien de quién yo fuese reflejo.

Las horas se desplazan completas en un seno de frustraciones. De la gran explosión que fue el Principio sólo nos queda una nebulosa indiferente que persiste en nuestras vidas para recordarnos que no somos más que esa nube confusa que no lleva a ninguna parte. Adiós Glorias, no lo fuisteis para nada ni para nadie. No somos para nada ni para nadie. Ni siquiera para nosotros mismos. Quizá menos para nosotros mismos que somos a quienes más fallamos. Frustración.

Me preguntas tú, o tal vez fue ella, o él, no sé muy bien quién, quizás todos, incluso yo mismo, porqué no elegiste algo mejor, algo que te inspirase más. La inspiración es el aliento que los dioses derraman sobre los hombres para hacerles capaces de todo o de algo. Pero los dioses han muerto porque los matamos. Ya somos nuestros dioses y, si queremos inspiración nos la debemos dar de forma propia. Nos hemos fallado. Matando nuestros dioses que no son más que nuestras metas deseadas nos hemos matado a nosotros mismos. Ya no tenemos más dioses. Ya no nos tenemos a nosotros mismos.

Siento que ya no hay movimiento, tan sólo velocidad perdida, potencia sin control que no sirve de nada como reza ese anuncio. Qué capaces somos y qué poco caso nos hacemos.

Claudiqué una vida propia para tener la vida que tienen todos. Al menos es consuelo.

- ¿Porqué no haces algo diferente, más tuyo, algo que te motive?
- ¿Para qué?, prefiero ser normal.

Hablamos del éxito como si se tratase de algo tangible que se puede conseguir con el mero sudor de nuestro cuerpo. Pero el éxito, al igual que ese sudor se evapora y se convierte en nubes, en formas inasibles. Objetos vacíos de formas sugerentes. El éxito es la dulce voz de las sirenas que se cobran con nuestras almas. El éxito no es nada. Esta vida normal tampoco es nada, lo sé, pero al menos es más sencilla de seguir.

¡Oh!, ¡qué sencillo resulta ver pasar el tiempo sin intentar tocarlo, sólo admirar el suave deambular de ese Sol que no nos toca, ni a ti, ni a mí! Es gratificante saber que puedes pasar por la vida sin pretender nada más que ver ese Sol ajeno. Es la rendición de la voluntad. La voluptuosidad del renegado.

Soledad, en cambio, es lo que conlleva en mi caso esta renuncia; placer amargo el que me reserva. Irónico relato del Sol que se levanta todos los días para recordarte que aún estás ahí: todavía y siempre.

El vacío absoluto llena mi mente, me planta aquí delante pensando en buscarte sin ser capaz de asumir que no existes porque no te creo, porque no te pienso posible. Duerme el día y cántame una nana que me calme el ánimo fatigado de jornalero sin tierra. No estás y ya no sé si debí esperarte, si debo seguir haciéndolo. No vienes y no voy. Profeta maldito, astuto alquimista de mentiras que aspiran a componer ese himno que suena a falso porque en realidad es triste, incertero.

La voz no sale y no llega. Un grito lleno de silencio que reclama atención ante la angustia del ser solo, sólo del ser. Y no estás. Y no estoy. Y me conmueve el viento que es capaz aún de mover las hojas y levantar la arena que no puede cegarme porque ya perdí la vista. Siento porque lamento, este canto desafinado de tristezas construidas en la incertidumbre de qué pasará mañana. ¡De qué lamentarse!, ¡si mañana no ha llegado! ¡Cómo no lamentarse si mañana fue ayer y todo sigue igual! Y no sé qué más. ¿Qué más da? ¿Qué más hay?

Otra vez, otro encuentro más que se suma a la vida, un cruce más que acaba en ninguna parte. ¿Qué significa esto? ¿Será que soy yo el que debo abrir el camino? Pero, ¿no estaban todos trazados? No me digas que no, tú que vives inmerso en un mundo de clichés, que no llegas más allá de lo que puedes tocar, ni siquiera de lo que puedes ver. Eliminen los cruces y caminen por la senda recta, por la vía que les conduzca los unos a los otros, los unos contra los otros sin posibilidad de elección. Qué penoso invento el de la decisión del cruce. Fábrica de miedos. Dame una verdad y te diré que es un cruce mal escogido. Nos encontramos y no nos hablamos, no nos tocamos y nos frustra el acontecimiento que no debió pasar.

Busco esa luz y me deslumbra tanto que no llego a verla. Paraíso perdido. Paraíso expulsado de nuestra mente. Paraíso inasible y duramente tangible.

¿Por qué te mostraste si no te quedaste? ¿Dónde te guardas, en qué rincón de mi mente inexplorada te hallas que no te dejas ver?

¿qué es más más importante?

- Pero, ¿qué es más importante, vivir o ser feliz?
- ¿Hay que elegir, o vale lo uno y lo otro a un tiempo?
- Supongo que habrá que elegir, ¿no?
- Y, ¿qué ocurrirá con una u otra elección?
- Si eliges vivir, deberás someterte al devenir de los acontecimientos, a la voluntad de los demás, cuando te conformarán según su decisión, una decisión que aún así no será voluntaria, porque quienes te conformen, quienes te eduquen, vivirán también bajo el influjo de la vida obligada. No serás libre de ti, por eso no serás feliz.

- ¿Y si elijo ser feliz?

- Un día, tendrás un día para descubrir la esencia de la felicidad, porque yo no te puedo explicar en qué consiste la felicidad.
- Curiosa elección entonces…

- Tú verás. En la pregunta primera está encerrada toda la conciencia de la libertad. Vivir equivale a seguir una voluntad que no te será propia, sino que dependerá de los demás, de las enseñanzas y errores que los otros te inculquen. Ser feliz en cambio equivaldrá a tomar la decisión del empuje individual. Te moverás en la delgada línea de lo posible y lo imposible, del disfrute y la angustia, del éxito y del fracaso, sin embargo crearás tú el mundo, no te mantendrás en él, sino que serás él.