Su historia le marca más. Pide más. Él es
más y no lo sabe. O sí.
¿Qué es más importante?
No se responde.
Tiene tantas ciudades. Tantos mundos que
le da igual crear más. Ya no puede salir. Llega un momento en que no quiere
salir. Come más. Devora más. Crea redes de araña con aquello que come.
Un espacio híper-cúbico, repetitivo. El
hombre corre. Encerrado tiene sed. Encerrado quiere fumar. Un cigarro y pasa a
su realidad anterior. Encerrado tiene sed. Encerrado quiere fumar. Un cigarro y
pasa a su realidad anterior. Encerrado tiene sed. Encerrado quiere fumar. Un
cigarro y pasa a su realidad anterior. Encerrado tiene la sensación de que
encerrado tiene sed, que quiere fumar. Consciente en una híper-realidad
repetida se vuelve repetidamente consciente de que tiene sed y de que quiere
fumar. Fuma. Piensa que si es capaz de repetir su realidad continuamente podrá
fumar y siempre tendrá la misma sed, no más. Fuma. Repetidamente encerrado fuma
avanzando en su realidad, rompiendo su eje, avanza en una realidad que repite
sabiendo que fumar no le va a dar más sed de la que tiene. Fuma.
Su consciencia repetida alcanza un nuevo
pensamiento. Fuma en tantas realidades repetidas al tiempo que nota cómo ha
roto su eje primordial y ha creado una nueva realidad a partir del eje de realidad inicial. Usando la
continua repetición ha creado un nuevo eje. Ya no tiene marcha atrás. Fuma
tantas veces en realidades distintas repetidas que ahora la ha hecho vía única
y tiene más sed. Se da cuenta de nuevo de que es un hombre que corre, encerrado
y tiene cada vez más sed, no pudiendo dejar ya de fumar.
Muy acertada la imagen de esa realidad que se repite estáticamente. El desdoblamiento personal del protagonista me sugiere que el fenómeno de las matrioskas es un inquietante leit motiv del autor. La sensación de estar prisionero incesantemente por más cárceles que se franqueen.
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